lunes, 8 de julio de 2013

Fechas tatuadas.


Cada uno iba en su mundo, encerrados entre dos auriculares dibujaban con su mente un paisaje muy diferente al que estaban viendo con sus ojos en movimiento. Curvas y rumbo incierto en cada giro, curvas y cristales empañados por los pocos alientos que quedaban en aquel viejo autobús, Martina volvía a casa para una buena temporada, pero parte de ella se había quedado en aquella playa inquieta de risas y tardes al sol. El cielo gris parecía que se iba a precipitar encima de ella y en el fondo lo deseaba, deseaba precipitarse en aquel vacío. Lo miraba, esperando ver alguna ralla marcada marcada allí y así decirle adiós con la mano, pero aquel cielo nublado como ella se empeñaba en que no viese aquella ralla, que no viese que aquel avión se estaba haciendo cada vez más pequeño para así, finalmente desaparecer de su vista, pero no de su mente, no de ella.
A Martina no le gustaban las despedidas y menos si tenían una fecha tatuada, por eso ella decidía sus despedidas. Se había marchado sin decirle nada, sin haberle dejado una carta, sin ni siquiera haber recordado las últimas palabras que se habían de dedicado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Ahora que ya has ojeado mis fórmulas, puedes plantéame tu teoría :)

..

..