domingo, 23 de diciembre de 2012

Crecer no estaba en mis planes



Las paredes están cansadas de sostener tantos recuerdos inútiles, recuerdos pegados con pegamento infinito, a prueba de golpes, enfados y engaños, pero no a prueba de tiempo.

En aquel lugar había pasado muchas cosas, tardes perdidas con azúcar era su plato preferido, pero siempre quería compartirlo y hasta hacía poco lo había hecho, pero ahora, como las paredes, había envejecido.

Cada día se paseaba por las paredes de su memoria y limpiaba los cuadros de su vida, cuadros que ahora estaban en blanco y negro, en sepia, pero que en su momento ella había vivido a todo color.

La noche de el vestido rojo, el día que conoció a su compañero de tardes azucaradas, su primer coche, su primer beso...

Cada día le costaba más pasear por su memoria y cada día tardaba más tiempo en limpiar las fotos.

Finalmente un día, la pescadora de recuerdos y medias sonrisas, con ojos avellanas y collar de perlas, no pasó a limpiar sus fotos y así fue como poco a poco se fueron cubriendo de polvo, de niebla, de oscuridad, tanto que al final se despegaron de las paredes, que ahora, ansiaban tener clavos y cuadros colgados en ellas.

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Ahora que ya has ojeado mis fórmulas, puedes plantéame tu teoría :)

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